Cortina d’Ampezzo nevada al atardecer, con el campanario del pueblo y las montañas Dolomitas iluminadas por el alpenglow.

Cortina d’Ampezzo: esquiar en los Dolomitas

Las paredes de los Dolomitas no se parecen a ninguna otra montaña de los Alpes. Y Cortina d’Ampezzo, en el centro de esa geografía, tampoco se parece a ninguna otra estación.

Redacción Snow Edition

Hay un momento en Cortina d’Ampezzo en que bajas una pista mirando al frente y las paredes de roca se elevan verticales a ambos lados como si el terreno hubiera decidido mostrar su arquitectura. Los Dolomitas no son montañas alpinas en el sentido convencional: son torres, agujas, macizos de caliza que cambian de color con la luz. Por la mañana son grises. Al atardecer, rosas: el fenómeno de la enrosadira.

Esquiar en Cortina es esquiar dentro de esa geografía. La montaña no es el telón de fondo — es el destino en sí.

El terreno

Cortina tiene 120 kilómetros de pistas distribuidos en varios sectores sin conexión directa entre ellos: Tofana, Faloria-Cristallo, Cinque Torri y Lagazuoi son los principales. No es un dominio interconectado en el sentido alpino francés. Hay que coger el bus o el taxi para moverse entre sectores — algo que en Cortina nadie parece considerar un problema, porque cada área tiene su personalidad propia y cambiar de sector es parte del día.

Tofana es el sector más alto y el más exigente, con acceso en telecabina hasta los 2.356 metros y vistas que abarcan las crestas del parque de los Dolomitas de Ampezzo. Las pistas negras del Canalone son técnicas, con pendiente real y exposición al viento norte. Cinque Torri, con sus cinco torres de roca emergiendo entre las pistas, es el sector más fotogénico del mundo del esquí — no es una exageración.

El forfait Dolomiti Superski conecta Cortina con el resto del sistema: Alta Badia, Val Gardena, la Sellaronda. Desde Cortina, acceder a ese circuito añade una dimensión que convierte la estancia en algo mayor que la propia estación.

Cortina como lugar

Cortina es una ciudad. No un pueblo de montaña, no un resort construido alrededor de la nieve. Es una ciudad con historia, con arquitectura, con comercio, con vida más allá de la temporada de esquí. El Corso Italia es la arteria central: tiendas de moda, restaurantes, terrazas. Por la tarde, cuando la luz cae sobre los Dolomitas y la gente empieza a bajar de la montaña, el ambiente de Cortina tiene una calidad difícil de encontrar en otros destinos alpinos.

El lujo aquí no se anuncia. Está en los materiales, en la atención, en la proporción entre el pueblo y la montaña. St. Moritz tiene más escala y más ostentación. Cortina tiene más identidad propia.

Los Juegos Olímpicos de Invierno 2026

Cortina fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1956. En 2026, junto con Milán, volvió a ocupar un lugar central en el calendario olímpico: el Tofane Alpine Skiing Centre acogió las pruebas femeninas de esquí alpino, con la Olympia delle Tofane como una de las pistas más reconocibles del programa. Esa continuidad histórica no es decorativa: define cómo Cortina entiende su relación con el esquí de alta competición.

Las mejoras de infraestructura vinculadas a los Juegos — remontes renovados, accesos mejorados y una estación más preparada para el futuro — han actualizado un destino que, con toda su elegancia, no siempre había estado a la altura técnica de su reputación.

Por qué Cortina es distinta

La mayoría de las grandes estaciones alpinas se definen por su dominio esquiable, por los kilómetros, por la interconexión. Cortina se define por su geografía y por su carácter. Los Dolomitas son un patrimonio natural de la UNESCO, y esquiar aquí tiene una dimensión visual que ningún número de kilómetros puede resumir.

Es también uno de los pocos destinos del mundo donde el pueblo tiene suficiente entidad para sostener la experiencia por sí solo. Si un día la montaña cierra, Cortina sigue siendo un destino.

Para quien conoce los Dolomitas como territorio, Cortina es el punto de partida natural. Para quien no los conoce, es la mejor introducción posible.