Esquiador descendiendo por una pista amplia en Kronplatz, con remontes modernos en la cima y los Dolomitas al fondo.

Kronplatz: los Dolomitas que no necesitan la Sellaronda

Una cima plana que no sigue el circuito. Kronplatz opera dentro del Dolomiti Superski con ritmo tirolés y una forma distinta de entender los Dolomitas.

Redacción Snow Edition

Kronplatz tiene forma de meseta. Esquiar en Kronplatz es, antes que nada, acceder a una cima plana a 2.275 metros desde la que los Dolomitas aparecen como un horizonte continuo: la Marmolada, las Tres Cimas, el grupo del Sella. Todo el relieve dolomítico organizado a la vista, y sin embargo esta montaña opera fuera del circuito que suele definir el viaje. Kronplatz —o Plan de Corones, su nombre en italiano— no tiene conexión esquiable directa con la Sellaronda ni gira alrededor del mismo imaginario ladino que define el núcleo central de los Dolomitas. Su acento principal es más tirolés, más centroeuropeo. Es otra cosa.

Dentro del sistema, fuera del circuito

Kronplatz pertenece al Dolomiti Superski —uno de los mayores dominios de esquí del mundo, con más de 1.200 kilómetros de pistas repartidos en doce zonas— pero funciona como zona autónoma. No necesita estar conectada a Val Gardena, Alta Badia o Arabba para tener sentido propio. Con alrededor de 119 kilómetros de pistas y 32 remontes, compone un dominio completo en sí mismo, con un sistema de instalaciones entre los más modernos de los Alpes y una eficiencia que se nota desde el primer descenso.

Las góndolas son rápidas. Las conexiones, claras. La logística, sin fricciones. Un esquiador puede construir una semana entera en Kronplatz sin necesidad de salir del dominio. El forfait Dolomiti Superski permite explorar otras zonas del sistema, pero la montaña tiene escala y variedad suficientes para no sentir esa urgencia.

El idioma de la montaña

En el Alto Adige —también llamado Südtirol— los carteles aparecen siempre en dos lenguas. Kronplatz en alemán. Plan de Corones en italiano. La ciudad de la base, Brunico —Bruneck, para los germanoparlantes—, es una ciudad tirolesa de verdad: mercados cubiertos, arquitectura centroeuropea, una cocina que habla de canederli, speck y strudel. Los refugios del dominio tienen la misma atmósfera que cualquier Hütte austríaca. El après-ski responde más a los códigos del Tirol que a los del sur de los Dolomitas.

Esa identidad cultural es lo que más separa a Kronplatz del resto del mapa dolomítico. Mientras Alta Badia construye su propuesta sobre la gastronomía ladina, los refugios cuidados y una idea más pausada del esquí, Kronplatz opera desde una raíz más austera y centroeuropea. Dos maneras distintas de entender la montaña dentro del mismo sistema de forfait.

La meseta y sus pistas

La forma plana de la cima no es solo una curiosidad geográfica: define cómo se esquía aquí. Las pistas bajan desde la meseta en varias direcciones —hacia Riscone, hacia San Vigilio di Marebbe, hacia Valdaora—, lo que crea una sensación de amplitud poco habitual en los Dolomitas. El terreno es predominantemente intermedio, con rojas largas, azules muy bien mantenidas y descensos que permiten encadenar kilómetros sin tensión excesiva.

Hay bajadas negras —la Herrnegg, la Sylvesterabfahrt—, pero el carácter general de la montaña no es el de un terreno extremo. Para una lectura más técnica y alpina del sistema, Arabba y la Marmolada juegan en otro registro. Kronplatz no busca dramatismo: busca fluidez.

La cobertura de nieve producida es extensa y bien gestionada. En una región donde las temporadas pueden ser irregulares a cotas medias, esa garantía tiene peso. Kronplatz esquía bien incluso en inviernos complicados, y esa fiabilidad explica buena parte de su reputación entre familias, esquiadores intermedios y viajeros que priorizan comodidad sobre épica.

En la cima, Reinhold Messner instaló uno de los museos de montaña más singulares de los Alpes. El Messner Mountain Museum Corones, diseñado por Zaha Hadid, emerge de la roca con la discreción de algo que siempre hubiera estado ahí. Es raro que un edificio de autor conviva tan bien con su entorno. En este caso sucede a 2.275 metros, con los Dolomitas al fondo.

Cómo encaja en el mapa

Kronplatz tiene sentido como destino principal para quien prefiere eficiencia, remontes modernos y carácter cultural auténtico antes que la teatralidad visual de los grandes macizos. Brunico es una base con vida propia: ciudad real, no aldea de esquí. Los accesos desde el norte —a través de la Val Pusteria, conectada con el corredor austriaco y con Innsbruck— son directos y sin complicaciones logísticas.

Para el esquiador que ya conoce el universo de la Sellaronda y quiere entender otra faceta de los Dolomitas, Kronplatz ofrece la perspectiva opuesta: menos drama geológico en primer plano, más claridad operativa. No tiene la imagen icónica de Cortina d’Ampezzo, ni el silencio mineral de 3 Zinnen Dolomites, pero sí una modernidad muy bien resuelta y una forma de esquiar que funciona casi sin fricción.

Kronplatz no intenta representar todos los Dolomitas. Representa una parte concreta: la cara tirolesa, eficiente y bien organizada de un sistema que suele contarse desde la roca, la gastronomía y la Sellaronda. Por eso importa. Porque amplía el mapa.

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