Cortina d’Ampezzo: cómo esquiar un destino dividido en varias montañas
Las paredes de los Dolomitas no se parecen a ninguna otra montaña de los Alpes. Y Cortina d'Ampezzo, en el centro de esa geografía, tampoco se parece a ninguna otra estación.
Archivo editorial
Las paredes de los Dolomitas no se parecen a ninguna otra montaña de los Alpes. Y Cortina d'Ampezzo, en el centro de esa geografía, tampoco se parece a ninguna otra estación.
A 2.300 metros, Val Thorens no compite con el glamour de las estaciones vecinas. Compite con el invierno: más nieve, más temporada, más altitud que cualquier otra estación de los Alpes.
Esquiar en Méribel es moverse por el centro del dominio más grande de los Alpes con una elegancia que no necesita anunciarse.
Esquiar en Park City es encontrar una ciudad real detrás de la montaña: Utah, nieve seca y dos bases conectadas dentro del mismo resort.
Esquiar en Telluride es entrar en un box canyon sin salida aparente. Colorado, terreno exigente y un pueblo histórico que no parece un resort.
Esquiar en Las Leñas es buscar nieve virgen en los Andes argentinos: altitud, terreno exigente y uno de los grandes escenarios freeride del sur.
Esquiar en Portillo es entrar en el clásico de los Andes chilenos: alta montaña, Laguna del Inca y una experiencia de esquí casi aislada.
Esquiar en Deer Valley es elegir una de las estaciones más cuidadas de Utah: ski-only, pistas perfectas y un servicio que elimina fricción.
Esquiar en Revelstoke es encontrar el mayor desnivel vertical de Norteamérica: powder, bosque y una ciudad real en la Columbia Británica.
Esquiar en La Grave es acceder a uno de los terrenos más exigentes de los Alpes: teleférico, glaciar y montaña sin domesticar.